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Taller de Pensament Lateral

El passat dia 28 de novembre, Eva, una estudiant de formació ocupacional en pràctiques al nostre centre, va impartir una classe veritablement inspiracional. Una d'aquestes classes tan necessàries per avançar en l'àmbit del màrqueting i en la vida mateixa: ens va parlar de l'anomenat "pensament lateral". Eva_taller_pensamiento_lateral Cuando Patri, nuestra tutora, nos explicó que iba a tratar el taller, a la mayoría nos entusiasmó a pesar de que no sabíamos a ciencia cierta en qué consistía. Una hora después de realizarlo algo cambió en la mente de todos nosotros y ahora me gustaría poder compartirlo de nuevo. El pensamiento lateral ha existido siempre, no se trata simplemente de una técnica o método que debamos llevar a cabo para ser más creativos. Éste se adhiere a nosotros de manera intrínseca en el momento de nacer, forma parte de nuestra naturaleza racional, y somos nosotros con nuestra concepción educativa y tendencia a la “homogenización” los que nos encargamos de desaprenderlo. Y como todo en la sociedad no existe hasta que no es etiquetado, Edward de Bono, escritor y psicólogo maltés, se percató de su existencia y se encargó de darle nombre y forma. A menudo comparo el marketing con la teoría de la evolución de Darwin, en su época otro transgresor. La supervivencia de todos los seres vivientes depende de la capacidad de adaptabilidad que presentan respecto al medio, un medio en constante cambio. De esta forma, el proceso evolutivo no sigue una línea recta ni se rige por ninguna norma que se mantenga inmutable  más que la propia capacidad de renovación y rotura de lo efímeramente válido. De esta manera, la especie no tiene ninguna tendencia de transformación, y pensar lo contrario sería cometer una “miopía del marketing” biológica. Los productos también están expuestos a esta norma, los que mejor se adaptan a las cambiantes características del mercado son los que sobreviven, y los que no, desaparecen. Establecer un solo camino para hacer algo o una verdad permanente sólo condiciona y limita nuestro margen de maniobra. De esto trata el pensamiento lateral, de cómo romper con las inconscientes imposiciones que hemos ido asimilando durante nuestro aprendizaje que nos limitan a la hora de crear y razonar, de tratar de olvidar lo que se considera “útil” e “inútil” y de dejarnos llevar. En el fondo, es un gran ejercicio de autoconfianza. Pero empecemos por el principio, Eva comenzó el taller introduciéndonos el concepto de pensamiento lateral. Para que lo entendiéramos, se sirvió de numerosos ejemplos. El primero de ellos fue el de las flores, con el que nos explicó cómo funcionaba esta manera de razonar. Para poner en marcha el pensamiento lateral se requiere la existencia de una necesidad o inquietud inicial que se desea cubrir o solventar. En este caso nos remontamos décadas atrás, en un momento en el que era tendencia decorar las oficinas y alrededores con plantas y flores. Esto dotaba de belleza el lugar, pero con ello surgían grandes inconvenientes. Las flores se morían en poco tiempo y tenían que ser reemplazadas por otras, una realidad inexorable con la que lidiaban a pesar del gran desembolso económico que suponía. Pero un día alguien pensó que esto tenía que cambiar y se inició una recogida de propuestas para solventar el problema. El pensamiento vertical (aquél que más usamos y desde pequeños nos enseñan a emplear) solo generaría ideas lógicas, poco arriesgadas e insuficientes, ya que sigue un proceso recto, estándar y predefinido por lo que socialmente es reconocido como correcto. Es el resultado de la información que recibimos, clasificamos y almacenamos en nuestro interior y que posteriormente utilizamos para resolver cuestiones. Por ejemplo, si alguien nos pregunta el resultado de 2+2, nadie se detendrá a pensarlo, responderá por inercia debido a que esa información ya ha sido previamente asimilada. Por lo tanto está basado fundamentalmente en la experiencia, lo que impide la creación de algo nuevo. En cambio, el pensamiento lateral intentaría buscar la solución óptima rechazando el concepto de utopía. Nada es imposible, solo hay que encontrar la manera de hacerlo, y para ello sigue un proceso con desviaciones que se aparta de la simplicidad del pensamiento lineal (problema –> solución). Sabemos que las flores se mueren, pero… ¿Y si no se murieran? Parece imposible, pero no tenemos en cuenta que ya estábamos dando por hecho que las flores debían estar vivas. Por lo que si no están vivas, no mueren, y si no mueren, se consigue el objetivo. A veces lo importante no son las respuestas sino formular las preguntas adecuadas. A esto se le llama pensamiento lateral. Normalmente damos por hecho información que ni siquiera se nos ha proporcionado debido a que se nos ha entrenado para hacerlo. Si nos preguntan cómo podemos evitar que una moneda se moje al introducirla en una taza llena de café, el pensamiento lineal nos conducirá a pensar que es imposible. Pero realmente nadie dijo que el café no pudiera estar en grano o en polvo, por lo que en ese caso la moneda no se mojaría. Después de unos cuantos ejemplos y entender el concepto relacionamos el pensamiento lineal con el orden, lo mecánico y convencional y el pensamiento vertical o lateral con la libertad de forma y contenido, es decir, con la creatividad. Entonces Eva nos propuso una serie de ejercicios para estimularlo en grupo a partir de acertijos, pues los acertijos son un claro ejemplo de lo necesario que nos resulta pensar lateralmente para encontrar soluciones imposibles de alcanzar de otra forma. Formamos grupos entre los compañeros y fuimos capaces de resolver unos cuantos (algunos eran verdaderamente rebuscados). Además nos dio consejos para aprender a emplearlo y disfrutar de sus ventajas. Es necesario reír, jugar, cantar y bailar diariamente. Tenemos que querernos y aplaudirnos por cada logro, tenemos que reinventar el mundo a nuestra manera cada día y pintarlo de los colores que más nos gusten, pero sobretodo, confiar en nosotros mismos y en nuestras posibilidades. Todas las buenas ideas nacen de algún error y ningún genio es precavido. A veces, la respuesta se encuentra enfrente y no somos capaz de verla porque buscamos algo grande, pero no tiene por qué ser así, muchas veces obtenemos mayores resultados de las ideas más sencillas y absurdas. Por eso no hay que tener miedo a expresarse, tenemos que liberarnos de las restricciones que nos estancaban y perder el miedo a ser juzgados. Puedo decir que esa hora con Eva nos hizo reflexionar a todos y nos invitó a ver la vida como un caleidoscopio. Nada es absoluto, todo depende del enfoque que le quieras dar.   -Nerea Valero-